Se cultiva como especie ornamental en numerosos lugares de clima templado: América del Norte, Hawái, África, India, Australia, Europa mediterránea, etc. Destaca por su corpulento porte, su bella silueta globosa, y la delicadeza de sus grandes hojas compuestas, con aspecto plumoso. Su extraordinaria floración, que aparece antes o junto con los primeros brotes de las hojas, cubre totalmente su copa y constituye su principal valor decorativo. Además, cuando las flores van cayendo crean una vistosa y llamativa alfombra de color violeta en el suelo.
Por todo ello se utiliza ampliamente en paisajismo, y el embellecimiento de calles, plazas, bulevares y avenidas, ya sea de forma aislada, en grupos, o formando alineaciones.
En las Islas Canarias es uno de los árboles ornamentales más usados y reconocidos, y sus ejemplares adornan numerosas ciudades y pueblos del archipiélago.

Su floración es más intensa cuando se cultiva a pleno sol, aunque puede tolerar sombra ligera. Crece rápido en suelos arenosos y bien drenados, necesitando riego durante la época seca. Sus ramas deben podarse regularmente, para que permanezcan a menos de la mitad del diámetro del tronco, de modo que se consiga mantener la planta intacta y aumentar su vida.
Su madera es excelente para fabricar muebles, artesanías y utensilios. Su color es distintivo, con tonalidades que varían entre amarillo y marrón oscuro, y a menudo muestra una veta atractiva. Por ello también es muy usada en la fabricación de la decoración interior de coches de lujo.
De sus flores se obtiene un líquido de color azul o púrpura que se puede utilizar para teñir telas o fabricar acuarelas.
Los frutos secos son utilizados en artesanía para confeccionar llaveros, monederos, pendientes y collares.
En algunas culturas, sus hojas, corteza y semillas son empleadas con fines medicinales, atribuyéndoles propiedades antiinflamatorias, analgésicas, astringentes, diuréticas y antifúngicas.

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