Phoenix canariensis
H. Wildpret
Familia
ARECACEAE
Palmera
canaria, Palma, Palmera
Árbol alto y esbelto, de 12-15 m de alto,
dotado de un tronco recto, grueso y robusto, sin retoños en la base,
coronado por una amplia y densa copa, arrosetada o casi esférica,
formada por numerosas frondes elegantemente arqueadas y de color verde
intenso.
El aparato radicular es extenso y no posee raíces
principales: cuenta con miles de raíces fibrosas que no aumentan de
diámetro con el tiempo y que le permiten aprovechar bolsas de agua
subterráneas, sobrevivir a cortos períodos de encharcamiento, fijar el
sustrato sobre el que crece y anclarse en los más inestables fondos de
barranco.
Dichas frondes, que pueden llegar a medir hasta más de 5 m
de largo, están formadas por numerosos foliolos apareados -hasta 150
pares-, anchamente lineares, amarillentos y rígidos en su base, pero muy
verdes y flexibles en el resto, por lo que no son punzantes, al
contrario que los de otras palmeras.
Es especie dioica, con flores
masculinas y femeninas en ejemplares distintos. Las masculinas, de color
blanquecino amarillento, se agrupan en densos racimos colgantes,
inicialmente protegidos por una banda ancha y plana (espata); las
femeninas en grandes racimos de color rojo anaranjado y hasta 1,5 m de
longitud. Los frutos (vulgarmente conocidos con el nombre de dátiles)
son pequeñas drupas ovoideas poco carnosas, de color amarillento
anaranjado y entre 1-2 cm de longitud, agrupadas en grandes racimos
colgantes debido a su propio peso.
La semilla (cuesco) es ovalada
elíptica, con la superficie de color ceniza y de 14 a 16 mm x 9 a 10 mm
de tamaño. Su sección transversal es perfectamente circular con un surco
en su cara dorsal muy estrecho y profundo.
El embrión está situado
más o menos en la cara ventral, sin huellas muy aparente en el exterior
con n=18 (número aploide de cromosomas). Su floración es principalmente
en primavera.
Inflorescencia masculina erecta, blanquecina; pedúnculo
47-70 cm; raquilla hasta 40 cm, de la que se desarrollan ramificaciones
de 12,5-20 cm; con la espata hasta de 40 cm, bivalva, verde-amarillenta,
con tomento pardo-rojizo, que se torna parda, coriácea en la madurez; la
femenina erecta inicialmente, que se vuelve péndula al madurar,
anaranjada; pedúnculo 1,15-2 m en la madurez, amarillo-verdoso; raquilla
hasta 60 cm al madurar el fruto, de la que se desarrollan ramificaciones
de 16-60 cm; con la espata 53-80 x 10-20 cm, bivalva, verde-amarillenta,
con tomento pardo-rojizo, que se torna parda, coriácea en la madurez.
Flores masculinas de 6-7 x 3-5 mm, blanquecinas; la femeninas 7-9 x 4-6
mm, verdeamarillentas.Al desprenderse, las hojas dejan en el tronco unas
típicas cicatrices romboidales que lo recubren totalmente.
Hojas
pinnadas, numerosas, 5–7 m de largo, las superiores erectas, las
inferiores péndulas o arqueadas; pinnas en número de 150 pares,
arregladas en distintos ángulos, las inferiores modificadas a manera de
acantofilos; vaina de 150 cm de largo, formando una red fibrosa.
Inflorescencias interfoliares, 1 vez ramificadas, de 100 cm de largo,
axilares, mucho más cortas que las hojas, brácteas inconspicuas;
raquillas no ramificadas, numerosas, arregladas en espiral,
amarillo-anaranjadas.
Hábitat:Endemismo canario, característico
de la zona potencial de los bosques termófilos y especie emblemática del
paisaje canario, principalmente de las islas orientales. De su antigua
abundancia aún quedan bastantes vestigios en barrancos y laderas húmedas
de todas las Islas, donde sus finas raíces buscan los cauces de agua
subterránea. En ocasiones crece como especie única, formando extensos
palmerales, muchos de los cuales fueron destruidos después de la
conquista de Canarias para formar terrenos de cultivo o construir
fortificaciones de madera; pero es más frecuente que lo haga en compañía
de otras especies termófilas: dragos, sabinas, acebuches, almácigos,
etc.
Floración: Primavera y verano.
Reproducción: Por
semillas; es un árbol de crecimiento muy lento.
Usos: Los
guanches comían sus frutos, y con sus hojas fabricaban vestidos, cestos,
redes de pesca y otros útiles; según algunos historiadores también
obtenían de las palmeras vino, vinagre, azúcar y miel.
Las frondes
sirvieron durante mucho tiempo para techar viviendas campesinas; con el
tronco ahuecado se hacían colmenas. Sus flexibles foliolos se utilizaban
abundantemente para realizar trabajos de artesanía: sombreros,
abanadores, escobas, esteras, espuertas, cestos, empleitas para el
queso, etc.
En la isla de La Gomera aún pervive la costumbre de
realizar cortes circulares en el cogollo terminal de las palmeras
(descogollar) para extraer su dulce y blanquecina savia, a la que dan el
nombre de guarapo y que, fermentada, produce un fuerte aguardiente y,
cocinada, una exquisita miel. La técnica del descogollo se realiza
también en muchas regiones del norte de África y, si se practica bien,
la palmera se recupera sin problemas.
A los frutos de la palmera se
les da el nombre de támaras y, en tiempos pasados, sirvieron de alimento
al ganado.
Se emplea frecuentemente como especie ornamental, tanto en
nuestro archipiélago como fuera de él, pues desde hace bastante tiempo
ha sido cultivada en muchos países de Europa, Asia y América, donde sus
majestuosos ejemplares se pueden contemplar adornando parques, plazas y
jardines..
Propiedades medicinales: El zumo de sus frutos es bueno
para la tos, los catarros y las molestias intestinales ligeras.
Al
zumo que se obtiene de sus jugosas hojas se le atribuyen múltiples
virtudes curativas: diurético, refrescante.
Canarias. En el resto
del mundo se utiliza como árbol decorativo y también se encuentra de
forma natural en varias zonas del Mediterráneo, California, Nueva
Zelanda, Buenos Aires o Venezuela.
Notas La palmera ha sido
elegida como el símbolo vegetal del archipiélago canario.
Su nombre
ha dado origen a numerosos topónimos de pueblos y ciudades de nuestro
territorio: Santa Cruz de La Palma, Las Palmas de Gran Canaria, El
Palmar, Vega de Río Palmas, La Palmita...
Frecuentemente se hibrida
con la foránea, y cada vez más extendida en nuestro territorio, palmera
datilera (Phoenixdactylifera), de la que se diferencia por su copa más
frondosa de color verde intenso, foliolos no punzantes, tronco más
grueso y sin retoños, y dátiles de menor tamaño.
Las támaras
presentan formas ovoides de hasta 3 cm de largo, y disponen de poca
pulpa. Aunque comestibles, su sabor es amargo y áspero. Permanecen en el
árbol durante meses, de manera que coinciden diferentes gene-raciones de
frutos en el mismo pie de planta. Son, además, alimento para los cuervos
y otras aves como los mirlos, por lo que se constituyen a la vez, en
importantes agentes dispersores de semi-llas, aumentando incluso la
germinación y viabi-lidad de las mismas después de pasar por el tracto
digestivo del animal. Un claro ejemplo lo consti-tuye el crecimiento de
palmeras bajo los nidos de mirlos ubicados en campos frutales.
Las
hojas, además de servir de forraje para el ganado o para elaborar
estiércol, se utilizaban como escobas y como soporte de la techumbre de
la vivienda campesina. Con las hojuelas todavía se realiza la ‛empleita’
o trenzado con el que posteriormente se elaboran esteras, ‘genas’
—especie de mochila tradicional grancanaria— y ‘sendajas’ para rodear y
comprimir el queso. Las hojuelas también han sido empleadas para
confeccionar sombreros y cestos.
Aun hoy, las hojas más vistosas
continúan cortándose para adornar casas, pórticos de iglesia, carretas
de romería y ventorrillos en las fiestas tradicionales. Las hojas más
tiernas y delicadas, sin trabajar o bien entrelazadas en finas
filigranas para elaborar el ‛Ramo’, son portadas por los fieles en la
procesión del Domingo de Ramos.
A pesar de que la palmera canaria
cuenta actualmente con un gran número de ejemplares, se ve afectada por
plagas y enfermedades capaces de mermar las poblaciones de forma
drástica. Al conocido picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) se suman
otros como un coleóptero polífago (Diocalandra frumenti)o el hongo
Fusarium oxysporum, que están ocasionando grandes daños a esta especie.
Phoenix fue el nombre elegido por Linneo para nombrar a las palmeras
comunes. El epíteto específico canariensis hace referencia a las Islas
Canarias.
El Guarapo en Canarias se le llama al jugo dulce extraído
de la palmera canaria (Phoenix canariensis Hort. Ex Chab.), con el se
elabora tanto la miel de palma como la bebida dulce del mismo nombre,
entre otras. El Guarapo es una mezcla de savia bruta y elaborada que
mana del palmito de la palmera canaria, muy dulce y con un sabor
peculiar, es una bebida refrescante, energética (alta concentración en
minerales) y muy deliciosa.
El Guarapo o savia de palma se obtiene
tras un corte en los tejidos superiores del palmito, previa eliminación
de las hojas jóvenes de la palmera, obteniéndose este zumo vegetal de
alto valor nutricional.
La práctica del guarapeo se lleva realizando
en Canarias desde hace, por lo menos 500 años, llegando hasta nuestros
días, con todas sus técnicas y variantes en muy buen estado.
La
Técnica de guarapeo se estuvo realizando en todas las islas del
Archipiélago Canario, tal proceso fue olvidándose progresivamente hasta
el punto de estar relegada su producción exclusivamente al norte de la
isla de La Gomera.
La miel de palma se obtiene a partir de la cocción
del guarapo. El guarapo se recoge por la mañana y una vez filtrado,
limpio de las impurezas, se prepara para cocinarlo.
Ha de ponerse al
fuego lo más rápidamente posible para evitar la fermentación. La
operación de hervir el guarapo para producir la miel se debe realizar a
diario. El fuego debe ser lento y mantenerse constante durante varias
horas hasta alcanzar las cualidades organolépticas que le caracteriza.
Como dato orientativo y dependiendo de la calidad del guarapo y de la
zona, para obtener un litro de buena miel se necesitan ocho litros de
guarapo. Por lo general esta proporción depende de la zona, según sea
húmeda o seca.
Desde el año 2005, la palmera canaria es afectada
por una grave plaga de picudos rojos (Rhynchophorus ferrugineus). Estos
curculionoideos, que proceden de la Polinesia y del Sudeste Asiático, se
instalan en la copa de las palmeras, las atacan (secada de las hojas) y
las acaban matando. La detección precoz es fundamental para poder salvar
la palmera afectada y controlar la expansión de la plaga. Si,
finalmente, no se puede salvar el árbol, la única vía para evitar la
propagación de los escarabajos es talarlo.
Plagas. La amenaza de las
plagas recientemente importadas con la palmera datilera, tanto el
pi-cudo rojo (Rinchophorus ferrugineus), por ahora sólo presente en Gran
Canaria y Fuerteventura donde afecta hasta el momento a los palmera-les
urbanos procedentes de plantaciones de-mostrando sobradamente su
capacidad des-tructiva, así como la diocalandra (Diocalandra frumenti).
La palmera canaria es una especie muy longeva, tanto que los ejemplares
más altos pueden llegar a superar los dos y quizás tres siglos de edad.
Etimología Phoenix: nombre genérico que deriva de la palabra griega:
φοῖνιξ ( phoinix ) o φοίνικος ( phoinikos ), nombre para la palmera
datilera utilizado por Teofrasto y Plinio el Viejo. Es muy probable que
se refirieran al fenicio, Phoenix, hijo de Amyntor y Cleobule en la
Ilíada de Homero, o a el ave fénix , el ave sagrada del Antiguo Egipto.
Sinonimia Phoenix cycadifolia, Phoenix erecta, Phoenix jubae,
Phoenix macrocarpa, Phoenix tenuis, Phoenix vigieri
Distribución:
Endemismo canario. El Hierro, La Palma, La Gomera, Tenerife, Gran
Canaria, Fuerteventura, Lanzarote.
Ecosistemas: Cardonal-tabaibal,
Bosques termófilos.
Altitud: Normalmente entre los 100-600 m s. n. m.