Propiedades medicinales: Toda la planta es tóxica, especialmente sus frutos, que pueden provocar diarreas, vómitos y convulsiones. En algunas personas, el contacto con la planta puede producir dermatitis.
A pesar de ello, y desde muy antiguo, a sus hojas se le atribuyen numerosas virtudes curativas: su cocimiento cicatriza llagas y heridas; en forma de emplastos, disminuye hinchazones e inflamaciones externas; cocidas en vino eliminan las manchas del sol en la piel; y empapadas en vinagre arrancan los más duros callos.

Distribución: Portugal, Marruecos y Macaronesia.


Notas: La muy parecida Hedera helix se distingue, principalmente, por sus mayores dimensiones, con tallos que pueden alcanzar hasta 20 m de longitud, sus hojas de menor tamaño, pentalobuladas y ocasionalmente manchadas de blanco, sus flores algo más pequeñas, y algunas diferencias en la estructura de los pelos prensores de las ramas.
En el universo mitológico grecorromano, la hiedra era una planta de gran significado simbólico, asociada a la inmortalidad por su gran vitalidad y longevidad. Estaba presente en el culto al dios Dionisio, Baco en la cultura romana, al que se coronaba muchas veces con sus hojas, y en los cultos mistéricos a la diosa Cibeles simbolizaba el eterno renacimiento.

Etimología:
Su nombre genérico (Hedera) es la palabra latina con que los antiguos romanos designaban a la hiedra. El específico (Canariensis) es una referencia geográfica alusiva a su localización clásica en las Islas Canarias.
Sinonimia: Hedera helix ssp. canariensis, Hedera grandifolia, Hedera sevillana, Hedera viridis.

Distribución: Nativa. El Hierro, La Palma, La Gomera, Tenerife, Gran Canaria
Ecosistemas: Bosques termófilos, Laurisilva, Fayal-brezal.
Altitud: Normalmente entre los 400-1.300 m s. n. m.

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