Pistacia atlantica
Desf.
Almácigo
Descripción: Árbol de hasta más de 10 m
de alto, cuya abundante ramificación forma una amplia copa cubierta de un
denso y lustroso follaje, caduco unas veces y subpersistente en otras. El
tronco y las ramas más viejas están recubiertos de una gruesa corteza de
color grisáceo, que se arruga y fisura con el paso del tiempo.
Tiene
hojas alternas de hasta más de 12 cm de largo, compuestas cada una de un
número impar de foliolos (imparipinnadas), generalmente cinco o siete,
lanceolados, enteros en los bordes, algo puntiagudos, muy lustrosos y de
hasta 5 cm de longitud. Su color cambia del verde intenso, cuando jóvenes,
al marrón rojizo cuando son viejas o están expuestas a situaciones muy
soleadas.
Es una especie dioica, con flores masculinas y femeninas en
ejemplares distintos. Las masculinas son de color verde amarillento y se
agrupan en pequeños y densos amentos colgantes, mientras que las femeninas
se disponen en racimos laxos de color rojizo.
Los frutos son pequeñas
drupas carnosas parecidas a aceitunas, de unos 7-10 mm de diámetro y de
brillante colorido: verde, rojizo o violáceo; se agrupan en racimos
semicolgantes poco densos de hasta 20 cm de largo.

Hábitat: Esta especie se distribuye
por todo el norte de África hasta Irán, países de la Europa
mediterránea, Madeira y Canarias. En nuestras islas constituye un
componente típico de la vegetación arbórea del área potencial de los
bosques termófilos, junto a los dragos (Dracaena draco), las palmeras
(Phoenix canariensis), los lentiscos (Pistacia lentiscus), los acebuches
(Olea europaea ssp. guanchica), etc. Su presencia es más frecuente en
las vertientes orientadas al norte que en las que dan al sur, donde sus
ejemplares se refugian en riscos y laderas escarpadas.
Fue muy
abundante en épocas pasadas, pero en la actualidad su presencia es muy
escasa, y en muy pocas localidades se pueden observar pequeñas
poblaciones de este atractivo árbol, llamados lentiscales, como es el
caso de Los Silos, en Tenerife, San Andrés, en La Palma, o Agaete, en
Gran Canaria.
Floración: Primavera, madurando los
frutos a lo largo del verano.
Reproducción:
Por semillas y esquejes.
Usos: En
el pasado se aprovechó intensamente su madera para trabajos de
ebanistería, tornería y marquetería. Durante el siglo XVI se empleó
abundantemente como combustible de los ingenios de azúcar de Canarias,
tal como atestiguan los acuerdos del Cabildo de Tenerife de la época,
debiendo ser tal uso una de los principales causas de su actual escasez.
Según Viera y Clavijo, el gran naturalista canario del siglo XVIII, la
resina del almácigo servía para fabricar barnices y lacas, así como para
perfumar los aposentos.
En algunos países del mediterráneo, y otros
tan lejanos como Estados Unidos o Ucrania, se emplea el almácigo como
portainjerto para el cultivo del pistachero (Pistacia vera), pues es una
especie es muy vigorosa, aguanta mucho la asfixia radicular y tiene
buena afinidad con la mayor parte de los cultivares.
En ciertos
lugares, como las ciudades del Mar Negro, el almácigo constituye una
planta ornamental típica del arbolado urbano. Un uso del que debieran
tomar nota nuestras autoridades, y hacer lo mismo en nuestras islas, en
lugar de ajardinarlas con especies foráneas, que en muchos casos son
perjudiciales para nuestra flora endémica.
También se emplea en
reforestaciones de tierras áridas para luchar contra la erosión.
Sus
semillas crudas son comestibles, y su resina contiene aceites esenciales
utilizados en perfumería y droguería.