Flora de las Islas Canarias

Pisos de vegetación

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Piso infracanario

 

     A partir de los 2.000 m de altitud las condiciones climáticas se endurecen considerablemente, y el Pinar es sustituido por un matorral arbustivo adaptado a estas alturas: el Retamar-codesar, un tipo de vegetación en que las especies dominantes son la retama y el codeso de cumbre. Es en esta zona donde se sitúa el piso supracanario, también llamado de alta montaña, y que sólo se encuentra en las islas de Tenerife y La Palma por ser las únicas cuyas cumbres superan esa altura, siendo Las Cañadas del Teide, en Tenerife, y La Caldera de Taburiente, en La Palma, las dos lugares donde este piso de vegetación presenta sus mejores manifestaciones, especialmente en las Cañadas del Teide, debido a su mayor altitud y diversidad ambiental.

     

     El piso infracanario, también llamado inferior o basal, ocupa el área situada entre los 0-400 m de altitud, aunque varía de unas áreas a otras en función del mayor o menor grado de exposición a los vientos alisios. Presenta un carácter desértico o semidesértico, con gran similitud a las zonas costeras del antiguo Sahara español y Mauritania, con escasez de precipitaciones, altas temperaturas a lo largo de casi todo el año y un alto grado de insolación diurna.
     Estas condiciones climatológicas, junto a la existencia de sustratos abruptos y erosionados, son las que deben soportar las especies que viven en estos ambientes, que se localizan en las áreas costeras de las laderas meridionales de todas las islas, siendo especialmente extenso en las islas de Lanzarote y Fuerteventura.
     Dos son la plantas que dominan este piso: el cardón (Euphorbia canariensis), que forma una comunidad vegetal llamado cardonal, y la tabaiba (Euphorbia balsamífera ssp. balsamifera), que forma una comunidad propia denominada tabaibal, aunque en muchas ocasiones ambas comunidades conviven y comparten numerosas especies acompañantes, que son herbáceas y pequeños arbustos de carácter xerófilo, que para adaptarse a la sequía han desarrollado numerosos mecanismos como tener tallos carnosos, hojas con espinas, etc.
     Muchas de especies son endemismos muy característicos de este ambiente como los bejeques (Aeonium lindleyii, Aeonium holochrysum, Aeonium percarneum...), los cardoncillos (Ceropegia fusca, Ceropegia dichotoma), el verode (Kleinia neriifolia), la leña buena (Cneorum pulverulentum), etc.

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Piso termocanario seco

 

 

 

Piso termocanario húmedo

 

Piso mesocanario

 

 

     El piso mesocanario, también llamado piso montano seco, se encuentra entre los 1.200-2.000 m, por encima del piso termocanario húmedo en las vertientes del sur, y del piso infracanario en las vertientes orientadas al sur y del bosque termófilo y el matorral costero en sotavento. El clima de esta zona se caracteriza por tener inviernos fríos y veranos muy calurosos.
     La vegetación está formada por grandes bosques de pino canario (Pinus canariensis), un árbol de grandes dimensiones de crecimiento rápido y madera muy apreciada, que además posee una gran capacidad de resistencia ante los incendios. Su sotobosque es muy pobre, destacando especies como Adenocarpus foliolosus, Cistus symphytifolius, Micromeria benthamii, Bystropogon origanifolius, Lotus campylocladus, etc.
     Este piso sólo se encuentra bien representado en las islas de Tenerife, Gran Canaria, La Palma y El Hierro.

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Piso supracanario

 

 

      El piso supracanario se encuentra por encima de los 2.000 m de altitud y sólo está presente en Tenerife y La Palma por ser las islas más altas del archipiélago canario. El clima es seco y en él hay grandes oscilaciones térmicas, con veranos calurosos e inviernos muy fríos, con presencia de nieve y grandes heladas.
     En la vegetación casi no hay árboles, sólo matorrales más o menos abiertos, con formas achaparradas o almohadilladas que crean un ambiente interior donde las condiciones de temperatura y de humedad atenúan la sequedad del aire, la irregularidad de las lluvias y la alta insolación durante el día.
     Las especies dominantes del matorral de alta montaña son las retamas y los codesos. En Tenerife predomina sobre todo la retama del Teide (Spartocytisus supranubius) y en la Palma el codeso de cumbre (Adenocarpus viscosus). Estas plantas se encuentran acompañadas por una gran cantidad de endemismos, algunos muy bellos y emblemáticos de la flora canaria como el tajinaste rojo de El Teide (Echium wildpretii). Muchos de ellos se encuentran amenazados o en peligro de extinción, el pensamiento de cumbre (Viola palmensis), la jara de las Cañadas (Cistus osbaeckiaefolius), o el retamón de cumbre de La Palma (Genista benehoavensis).

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Piso orocanario

 

 

      El piso orocanario se sitúa por encima de los 3.100 m de altura y sólo está presente en las cumbres de El Teide, casi desprovistas de vegetación.
En esta zona el suelo es muy pobre y rocoso, y el clima relativamente frío, con vientos predominantemente secos del suroeste y precipitaciones inferiores a los 400 mm anuales, generalmente en forma de nieve, lo que da lugar a veranos muy secos e inviernos largos y rigurosos.
     En este piso no hay árboles y ni arbustos, solamente se desarrollan unas cuantas herbáceas de pequeño tamaño, endémicas de esta zona y de gran interés científico, como la pequeña y bonita violeta del Teide (Viola cheiranthifolia), que también prospera entre ciertas rocas de zonas más bajas de El Teide, el cardo de plata (Stemmacantha cynaroides), el canutillo del Teide (Silene nocteolens), o la borriza del Teide (Laphangium teydeum).

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Vegetación costera

 

     

     En las Islas Canarias, las comunidades halófilas forman un estrecho cinturón costero muy cercano al nivel del mar y están condicionadas por la presencia de una gran cantidad de salinidad en el ambiente, procedente del efecto de la maresía. Climatológicamente, esta franja se caracteriza por la escasez de precipitaciones (100-300 mm anuales), temperatura media muy alta y alto grado de insolación durante todo el año.
     Bajo estas condiciones, muchas plantas han tenido que desarrollar diferentes mecanismos de adaptación al medio que aseguren su supervivencia. Los más notables son la suculencia (engrosamiento de los tallos), la pilosidad (revestimiento velloso de hojas y tallos), la ausencia o rápida caducidad de las hojas, y la presencia de glándulas de la sal para expulsar el exceso de la misma.
Este tipo de vegetación tiene sus ejemplos más representativos en zonas como las dunas de Maspalomas, Tufia y Arinaga en Gran Canaria, las dunas de Corralejo, las playas de Sotavento y Morro Jable en Fuerteventura, las playas de El Médano en Tenerife, la costa sureste de Lanzarote y en el islote de La Graciosa.
     Entre las especies más frecuentes que se pueden encontrar en estas áreas están la uva de mar (Tetraena fontanesii), las siemprevivas de mar (Limonium imbricatum, Limoniun pectinatum...), la lechuga de mar (Astydamia latifolia), el brezo de mar (Frankeia ericifolia), la tabaibilla (Euphorbia aphylla), el perejil de mar (Crithmum maritimum), el espino de mar (Lycium intricatum), el salado (Schizogyne sericea), etc.

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Vegetación rupícola

 

 

 

      El paisaje canario posee una orografía muy diversa, en la que juega un papel destacado el componente vertical, con la presencia de numerosos cantiles, acantilados, escarpes y paredones de fuerte pendiente, con la superficie muy fracturada y agrietada, en los que se asienta un tipo especial de vegetación denominada rupícola o fisurícola. La abundancia de cuencas erosivas en todas las vertientes y a diferentes altitudes, así como la diversidad microclimática del Archipiélago, permite una diversidad florística muy alta de este tipo de vegetación, a pesar de la dificultad de colonización que presentan los espacios con tendencia a la verticalidad.
     Además, en estos ambientes suelen desarrollarse plantas que, sin ser propias del mismo, encontraron en otras épocas un buen refugio frente a la presión ejercida por el ganado. Los condicionantes ecológicos, especialmente los factores de humedad y temperatura, favorecen que las comunidades rupícolas adquieran una mayor presencia en las zonas orientadas al norte y noreste, y aunque se extiende desde la costa hasta las cumbres, su óptimo se alcanza en los ambientes húmedos de la zona de medianías.
     Entre las numerosas especies que se podrían citar como especialmente adaptadas a los hábitats rupícolas de Canarias están los bejeques o veroles (Aeonium canariense, Aeonium sedifolium, Aeonium decorum, Aeonium ciliatum, ...), las cerrajas (Sonchus hierrensis, Sonchus radicatus, Sonchus tectifolius...), las chahorras (Sideritis nutans, Sideritis gomerae...), la amargosa (Vieraea laevigata), la salvia de Anaga (Salvia broussonetii), el cardo de risco (Carlina canariensis), etc.

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