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Hedera canariensis  Willd.
Familia ARALIACEAE
Hiedra canaria, Hiedra de monte, Yedra
Descripción: Enredadera perenne, fuerte y robusta, que serpentea sobre el terreno o trepa con facilidad sobre árboles y arbustos, aferrándose a ellos con unas finas raicillas prensoras de color blanquecino que pueden observarse fácilmente en la parte posterior de las ramas.
Sus tallos son finos, herbáceos, flexibles y de coloración rojiza cuando jóvenes, volviéndose leñosos y grisáceos a medida que envejecen. Las hojas, algo carnosas, lisas, brillantes, de color verde oscuro y hasta 10 cm de longitud, son simples, alternas, largamente pecioladas, más o menos acorazonadas las de las ramas fértiles, trilobuladas las de las ramas estériles, algo carnosas y con nerviación típicamente palmeada.
Sus diminutas flores estrelladas, de apenas unos 5-6 mm de diámetro, crecen agrupadas en grandes umbelas colgantes de hasta 50 flores cada una. Cada flor presenta cinco sépalos libres de color verdoso amarillento, enteros, diminutos, triangulares, persistentes durante la fructificación, y cinco pétalos, enteros, deltoideos o lanceolados, reflexos, caedizos, de color amarillo verdoso, entre los que sobresale igual número de pequeños estambres erectos con las anteras amarillas o rojizas, formando una especie de corona. Los frutos son bayas redondeadas de 8-10 mm de diámetro, largamente pedunculadas y algo carnosas, que se agrupan en racimos globosos de hasta 5 cm de diámetro; al principio son verdes, rojizos más tarde y finalmente negros, conteniendo en su interior de tres a cinco semillas reniformes, muy duras y de color negro azulado.
Al romperse, las hojas y ramas jóvenes desprenden un intenso y característico olor.
Hábitat: En las Islas Canarias, esta especie alcanza su mejor desarrollo en lugares húmedos y algo sombríos de la Laurisilva y el Fayal-brezal, aunque también se puede encontrar en barrancos y áreas frescas de los Bosques termófilos. Su presencia es relativamente frecuente en las zonas mejor conservadas de estos bosques, donde pueden observarse viejos ejemplares que ascienden hasta las copas de los árboles más altos en busca de la luminosidad solar.
Floración: La floración se produce en los meses de verano y otoño, madurando los frutos en invierno o comienzos de la primavera.
Reproducción: Por semillas, acodo y esquejes, que prenden más fácilmente si tienen raicillas aéreas. Los frutos son ávidamente ingeridos por mirlos y otros pájaros, que encuentran en ellos un apetitoso alimento, contribuyendo al mismo tiempo a la dispersión de la especie al diseminar con sus deyecciones las semillas por todo el bosque.
Usos: Puede utilizarse como planta ornamental, aunque para este fin es mejor usar la especie europea (Hedera helix), que resiste mejor la falta de riego y forma setos con mayor facilidad. Se puede cultivar en interiores poco soleados, plantando en una maceta algunos esquejes que tengan dos o tres nudos y unas cuantas hojas.


Propiedades medicinales: Toda la planta es tóxica, especialmente sus frutos, que pueden provocar diarreas, vómitos y convulsiones. En algunas personas, el contacto con la planta puede producir dermatitis.
A pesar de ello, y desde muy antiguo, a sus hojas se le atribuyen numerosas virtudes curativas: su cocimiento cicatriza llagas y heridas; en forma de emplastos, disminuye hinchazones e inflamaciones externas; cocidas en vino eliminan las manchas del sol en la piel; y empapadas en vinagre arrancan los más duros callos.
Distribución: Portugal, Marruecos y Macaronesia.
Notas: La muy parecida Hedera helix se distingue, principalmente, por sus mayores dimensiones, con tallos que pueden alcanzar hasta 20 m de longitud, sus hojas de menor tamaño, pentalobuladas y ocasionalmente manchadas de blanco, sus flores algo más pequeñas, y algunas diferencias en la estructura de los pelos prensores de las ramas.
En el universo mitológico grecorromano, la hiedra era una planta de gran significado simbólico, asociada a la inmortalidad por su gran vitalidad y longevidad. Estaba presente en el culto al dios Dionisio o Baco, al que se coronaba muchas veces con sus hojas, y en los cultos mistéricos a la diosa Cibeles simbolizaba el eterno renacimiento.
Etimología: Su nombre genérico (Hedera) es la palabra latina con que los antiguos romanos designaban a la hiedra. El específico (Canariensis) es una referencia geográfica alusiva a su localización clásica en las Islas Canarias.
Sinonimia: Hedera helix ssp. canariensis, Hedera grandifolia, Hedera sevillana, Hedera viridis.

Distribución: Nativa. Tenerife, La Palma, La Gomera, El Hierro, Gran Canaria.
Ecosistemas: Bosques termófilos, Laurisilva, Fayal-brezal.
Altitud: Normalmente entre los 400-1.300 m s. n. m.