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Vegetación costera
Características
   
En las Islas Canarias, las comunidades halófilas forman un estrecho cinturón costero sobre el nivel del mar y están condicionadas por la presencia de una gran cantidad de salinidad en el ambiente, procedente del efecto de la maresía. Climatológicamente, esta franja se caracteriza por la escasez de precipitaciones (100-300 mm anuales), temperatura media muy alta y alto grado de insolación durante todo el año.
    Bajo estas condiciones, muchas plantas han tenido que desarrollar diferentes mecanismos de adaptación al medio que aseguren su supervivencia. Los más notables son la suculencia (engrosamiento de los tallos), la pilosidad (revestimiento velloso de hojas y tallos), la ausencia o rápida caducidad de las hojas, y la presencia de glándulas de la sal para expulsar el exceso de la misma.

    Estas formaciones presentan distintos aspectos y composición según sea el tipo de sustrato que las sustentan: acantilado, pedregoso o arenoso.
    Acantilados  Gran parte de las costas de Canarias se caracterizan por la presencia de acantilados de mayor o menor altura. Generalmente son terrenos poco aptos para el establecimiento de la vegetación halófila, que suele quedar relegada a las superficies menos inclinadas, más asentadas geológicamente y más cercanas al mar. Entre las especies más frecuentes que se pueden encontrar en estas áreas están la uva de mar (Zygophyllum fontanesii), las siemprevivas de mar (Limonium imbricatum, Limoniun pectinatum...), la lechuga de mar (Astydamia latifolia), el brezo de mar (Frankeia ericifolia), la tabaibilla (Euphorbia aphylla), el perejil de mar (Crithmum maritimum), el espino de mar (Lycium intricatum), el salado (Schizogyne sericea), etc. Esporádicamente, se encuentran algunos ejemplares del helecho marino (Asplenium marinum), aunque no se trata de una especie exclusiva de este hábitat.
    Costas pedregosas. Las costas pedregosas, con arena superficial transportada desde el mar por las corrientes y los vientos constantes, son muy importantes ya que en ellas se encuentran especies y comunidades emparentadas con las que pueblan las costas del cercano continente africano. Este tipo de litoral se encuentra mejor representado en Lanzarote, Fuerteventura y en la vertiente oriental de Gran Canaria. Entre las especies más comunes y típicas que podemos encontrar aquí se hallan el balancón (Traganum moquinii), la lengua de pájaro (Polycarpaea nivea), los corazoncillos (Lotus lancerottensis, Lotus leptophyllus, Lotus kunkelii), la tabaibilla (Euphorbia aphylla), la siempreviva rosada (Limonium tuberculatum), la brusca (Salsola kali), la aulaga (Launaea arborescens), las barrillas (Mesembryanthemum crystallinum y Mesembryanthemum nodiflorum), la pata perro (Aizoon canariense), y algunos endemismos raros y escasos como el chaparro (Convolvulus caput-medusae) y la piña de mar (Atractylis preauxiana). La mayor parte de las especies endémicas presentes en estas comunidades se encuentran gravemente amenazadas por las extracciones de áridos y el desmesurado desarrollo urbanístico que afectan a estas zonas.
    Arenales. La naturaleza volcánica de Canarias no ha favorecido la presencia de grandes playas y marismas, que únicamente son frecuentes en las islas de Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura. Casi todas estas zonas arenosas (denominadas popularmente jables) tienen origen orgánico, de lo que deriva su coloración dorado-blanquecina. Estos amplios arenales pueden ser campos dunares movidos por el viento, o superficies ya fijadas al quedar encajonadas entre montañas o entre depresiones. En estos jables aparecen las llamadas comunidades vegetales sabulícolas (adaptadas a vivir en arenas sueltas) que, dada además su cercanía al mar, suelen tener un marcado carácter halófilo. Las especies más representativas de este hábitat son el balancón (Traganum moquinii), la lechetrezna (Euphorbia paralias), la centidonia (Polygonum maritimum), la camellera (Heliotropium ramosissimum), la uva de mar (Zigophyllum fontanesii), las brusquillas (Suaeda vera, Suaeda vermiculata), el salado (Schizogyne sericea), la siemprevia rosada (Limonium papillatum), el lirio de mar (Androcymbium psammophylum), la pata camello (Neurada procumbens), etc.